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13 junio 2008
¿Preparado?
Aprovecho estas lineas para realizar mi propia reflexión, ya que realmente, cuando uno escribe está pensando lo que dice a diferencia que cuando hablamos, que no tenemos la posibilidad de borrar lo dicho y volver a empezar.
Hoy la pregunta que me asalta la cabeza es esta que da título al post de hoy: ¿Preparado?
La primera pregunta que me hago es ¿Preparado para vivir solo?
Hace tiempo que quiero tomar una decisión. Las personas de mi entorno más cercano dicen que somos muy jóvenes, que se está muy bien en casa de papá y mamá, que no se lo que digo, que son muchas responsabilidades...
Pero a mi todo eso me ilusiona, tengo ganas de enfrentarme a problemas reales, tengo ganas de cocinarme yo la comida, de decorar mi casa, de que mi dinero valga para algo. Tengo ilusión por emprender esta aventura.
Sin embargo, tengo miedo. Miedo a quedarme sin tiempo, miedo a que mi casa se convierta en lugar de remanso de paz, lugar de fiesta para todos mis colegas, miedo de aventurarse a la par que esas ganas de aventura. Es cierto que en mi estado actual lo cómodo es seguir dejando que te hagan todo.
Antes de nada, hay que ver que con la economía mundial convulsa como nos cansamos de oír en las noticias, la verdad es que me echo para atrás. Además, iniciar esta aventura solo, sin ayuda, me da miedo, mucho miedo. Quiero pensar que los miedos se irán atrás cuando vea los resultados.
Actualmente en mi casa estoy bastante mal. No puedo con mi madre. Es algo totalmente irracional seguramente, yo la quiero, pero no puedo aguantarla... es una fuente constante de quebraderos de cabeza, de dudas, de buenas voluntades que uno no quiere, de tonterías que no llevan a ningún puerto.
La otra pregunta que me asalta es ¿preparado para ser padre? Hoy he visto padres muy jóvenes con niños por las calles. Un niño llorando... me pongo frenético. Yo no podría aguantar eso. No sería capaz de contenerme el grito y mantener el control. Me doy cuenta de que no estoy preparado, que tengo que esperar mucho mucho tiempo, unos 10 años... para ser totalmente equilibrado, para ser sabio, para poder, saber, querer y amar, para traer algo a este mundo. Se que es muy grande, seguro, pero ahora mismo no debo plantearmelo. De hecho no es que quiera tenerlo ahora, sólo me he hecho esta pregunta porque no quiero correr demasiado.
Y es que tengo esa sensación: ¿no me estaré haciendo viejo muy rápido? ¿no quiero correr muy deprisa? Tengo miedo, miedo de equivocar el camino que quiero seguir.
Deberé seguir pensando...
Hoy la pregunta que me asalta la cabeza es esta que da título al post de hoy: ¿Preparado?
La primera pregunta que me hago es ¿Preparado para vivir solo?
Hace tiempo que quiero tomar una decisión. Las personas de mi entorno más cercano dicen que somos muy jóvenes, que se está muy bien en casa de papá y mamá, que no se lo que digo, que son muchas responsabilidades...
Pero a mi todo eso me ilusiona, tengo ganas de enfrentarme a problemas reales, tengo ganas de cocinarme yo la comida, de decorar mi casa, de que mi dinero valga para algo. Tengo ilusión por emprender esta aventura.
Sin embargo, tengo miedo. Miedo a quedarme sin tiempo, miedo a que mi casa se convierta en lugar de remanso de paz, lugar de fiesta para todos mis colegas, miedo de aventurarse a la par que esas ganas de aventura. Es cierto que en mi estado actual lo cómodo es seguir dejando que te hagan todo.
Antes de nada, hay que ver que con la economía mundial convulsa como nos cansamos de oír en las noticias, la verdad es que me echo para atrás. Además, iniciar esta aventura solo, sin ayuda, me da miedo, mucho miedo. Quiero pensar que los miedos se irán atrás cuando vea los resultados.
Actualmente en mi casa estoy bastante mal. No puedo con mi madre. Es algo totalmente irracional seguramente, yo la quiero, pero no puedo aguantarla... es una fuente constante de quebraderos de cabeza, de dudas, de buenas voluntades que uno no quiere, de tonterías que no llevan a ningún puerto.
La otra pregunta que me asalta es ¿preparado para ser padre? Hoy he visto padres muy jóvenes con niños por las calles. Un niño llorando... me pongo frenético. Yo no podría aguantar eso. No sería capaz de contenerme el grito y mantener el control. Me doy cuenta de que no estoy preparado, que tengo que esperar mucho mucho tiempo, unos 10 años... para ser totalmente equilibrado, para ser sabio, para poder, saber, querer y amar, para traer algo a este mundo. Se que es muy grande, seguro, pero ahora mismo no debo plantearmelo. De hecho no es que quiera tenerlo ahora, sólo me he hecho esta pregunta porque no quiero correr demasiado.
Y es que tengo esa sensación: ¿no me estaré haciendo viejo muy rápido? ¿no quiero correr muy deprisa? Tengo miedo, miedo de equivocar el camino que quiero seguir.
Deberé seguir pensando...
28 febrero 2008
Las 24 peores horas de mi vida. (VI)
Buscamos el coche, sin éxito, y lo dejamos para el día siguiente, o para que la policía lo encontrase perdido. Dormí apenas 2 horas, daba vueltas: el coche, el viaje, mi padre... sobretodo eso, mi padre, no se puede seguir así. Tenía que cambiar eso. Mi ídolo ahora era un guiñapo, una sombra de el mismo. Llamé al jefe, no podía ir a trabajar tras esa noche. Tenía mi coche perdido. Y a mi padre, perdido, pero en su cama. Hablé con él, le dije que no podía seguir así, que iríamos al médico, que se acabó la cerveza. Nunca sentí tanta indiferencia como la que él me dio. Él no tenía ningún problema. Al menos eso decía. Llamadas de desesperanza, nadie sabe nada. Intentar retomar mi vida anterior. Mal día para hacerlo. No tenía ganas de comer. Conversaciones con la gente: esto no podía seguir así. Me tocaba coger la responsabilidad que durante años había esquivado. No quería ser adulto, quería ser niño y jugar con mis Lego, y sobretodo sentarme en las rodillas de mi padre...Todavía recuerdo el dolor de cabeza de ese día. La incertidumbre de verte sin nada de la noche a la mañana. De pensar que tienes las cosas perfectamente ordenadas y ver que en realidad todo es tan frágil... todo el universo esta en un equilibrio imposible para que todas las canicas que llamamos planetas giren perfectamente. Esta es para mi una prueba inequívoca de que hay un Dios: que el equilibrio se mantiene y es porque está Él vigilando las canicas para que todo vaya según lo previsto. Para que todo ruede, para que las cosas marchen.
Sin embargo, en ese momento la pequeña parte del mundo que a mi me tocaba se resquebrajaba sin que nada pudiera hacer para evitarlo. Todo entraba en desorden. Y a mi no me gusta el desorden en mi vida, me pone histérico, me inmoviliza para lo útil. Y no sabía que hacer para remediarlo.
Él ante mis palabras mostró indiferencia... ni una pizca de ayuda al que sufre por él. No había creído nunca que alguien no fuera consciente de sus problemas, que no se diera ni cuenta de que algo pasaba. Pero es real. Lo tenía delante mío. Y mi sensación era de impotencia... por un momento tuve ganas de partirle la cara. ¿Realmente alguien puede ser capaz de estar mal y pensar que todo va bien? Eso si que me preocupa y no lo que tenga. Ayer se lo dije: uno tiene que ser consciente de sus propios límites, sentirse limitado, caer para aprender, bajar a los infiernos para entonces sí, subir a los cielos. Para curarse uno tiene que primero darse cuenta de que está enfermo.Ante esto, yo y mi carácter, sólo podemos rebelarnos ante algo que realmente me parece que desafía a la lógica, a la dignidad humana como es que tu propio cuerpo diga no y tú digas sí. Por eso pierdo la paciencia y pensé en esos momentos en mis días en Cantabria en aquél caserón en el que mi padre y yo eramos uno. Y donde estarán esos tiempos y esos recuerdos... tan perdidos... ¿habrá olvidado todo aquello?
22 febrero 2008
Las 24 peores horas de mi vida. (III)
Llegar a mi casa era mi obsesión, fue llegar al nuevo aeropuerto y montarme en el avión, corriendo, como fugitivos en una correría nocturna, pero en un aeropuerto cerrado a cal y canto. Otro idioma y otro trato del personal de la compañía asqueroso. El vuelo transcurrió sin problemas, la extranjera que tenía al lado tenía un algo, que me hacía mirarla compulsivamente.
Ganas de cambiar simplemente. Al llegar a mi aeropuerto suponía que se acababan mis problemas, respiré aliviado. Nada más lejos de la realidad. Mi padre, cada día más viejo, más senil, más despistado, había cogido el coche para recogerme –bonito detalle- pero sin más ayuda que su propia mala cabeza.
Uno siempre desea lo que no tiene. Te provoca un extraño placer. Llevaba 5 días con mi novia y no había tenido ningún problema. Sin embargo, yo soy realmente insaciable, una maquina... siempre lo digo: me encantan las mujeres. No puedo dejar de mirar. Puedo ser fiel, eso creo que ya me lo he demostrado a mi mismo incluso, pero no podré dejar de mirar a otra mujer y sentir algo, aunque sea simplemente atracción, pensamientos raros, morbosos, de todo tipo... a veces pienso si esto es un problema o es normal. Supongo que depende de a donde te lleve todo eso... si eres capaz de hacer cosas de las que luego te arrepentirías, supongo que es malo. A mi no me ha llevado a ningún sitio donde no haya querido. En ese sentido, todavía me controlo.
El miedo existente es el de perder todo por un momento de locura. Un amigo mío tuvo ese momento y consiguió meses más tarde recuperar lo que realmente quería. Pero, nunca sabes cual es el camino correcto. Siempre corres el riesgo de saber que es lo otro, y si te estás perdiendo algo mejor. Yo supongo que en ese caso, mejor que el miedo atenace las piernas... porque mejor malo conocido...
Mi padre. Supongo que no fui consciente de sus problemas hasta esa misma noche. O al menos de hasta donde había llegado. Había malvivido durante los últimos años, había bebido mucho, no había hecho deporte, había perdido sus amigos, había olvidado sus hobbies y todo aquello que le gustaba. Supongo que si yo tuviera esa vida no sería muy feliz. El no parece muy feliz. El parece más bien infeliz, que cada día que llega al sillón de casa espera las horas hasta irse a dormir. No tiene objetivos más allá del mismo día... y además, no le preocupa no tenerlos.
Era un conformista y por eso, yo nací rebelde, intranquilo, perfeccionista... en contraposición a él, en contra de esa vida sin aspiraciones. Por eso, yo no puedo renunciar a los ideales que matan mi realidad y me hacen infeliz. Son dos caminos de infelicidad: el primero no tener objetivos en la vida y dejar pasar los días sin más, el segundo es buscar tener sueños y llorar cuando no salen. Ese dilema también lo tengo presente en mi vida.Me doy cuenta de lo dualista que soy en mi vida. Recuerdo que me dijo alguien alguna vez, de que la vida no es blanca ni negra, sino que entre ambos hay una infinita escala de colores: de rojos, verdes, naranjas, amarillos, violetas, marrones... Yo realmente no he aprendido eso. Odiar o amar. Feliz o infeliz. Sueño o pesadilla. Eso me ha traido tantos problemas... Hasta el punto de que la gente lo aplica conmigo: o se me odia o se me ama. Pero ambas cosas mucho. Supongo que es bueno no provocar indiferencia.
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