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14 enero 2009

Calderón no, Florentino menos.

Bueno, bueno... como se está poniendo la actualidad madridista.
Parece ser que la Asamblea de Compromisarios que acepto las cuentas del club blanco en el pasado Diciembre, presentaba ciertas irregularidades: personas que no podían votar al no ser socios compromisarios, personas que no eran siquiera socios e incluso alguno que era socio del Atleti (se habrá equivocado de sitio, digo yo). Lamentable, sinceramente... por no decir nada del paleolítico método de voto a mano alzada. Sinceramente, Don Ramón Calderón no se si tendrá que ver o no algo con esto. Esto desde luego forma parte de la estrategia de manipulación y tergiversación que ha emprendido el grupo Unidad Editorial, por ello quitemosle cierta parte de veracidad. Sin embargo, es cierto que algo ha pasado. No podemos quedarnos con la venda puesta en los ojos. Y si algo de honradez tiene Ramón Calderón como dice que tiene, debería dimitir. Dimitir y reconocer que no ha podido controlar este gran club. Una vergüenza de club que está creando.
El madridismo necesita una limpieza, una purga, una claridad y que ello nos lleve a un proyecto. Se tienen que regenerar las bases del poder, debe llegar gente que de verdad ame el madridismo y no que ame el dinero, la fama o lo que el Real Madrid provea. Y desde luego, necesita una limpieza de estatutos, esto de votar a mano alzada, esto de secuestrar el voto por correo, esto de hago elecciones como y cuando quiero y entra en mis asambleas quien yo quiero... se tiene que acabar.

Ya os digo a aquellas que hablais de Florentino como el salvador del madridismo: Florentino fue el que nos dejó tirados, él que nos sumergió en esta ruina, el que manipulaba medios de comunicación o el que dejó estos estatutos de esta manera (Calderón propuso cambiarlos y se lo denegaron en la Asamblea de Compromisarios). Por no hablar de la penosa gestión deportiva con sus Zidanes y Pavones, la lamentable eliminación de la clase media y del jugador español, el odio que se levantó en todas las aficiones de España hacia el Madridismo (jamás viví una época de antimadridismo como entonces) debido a la prepotencia de un club que "iba a ganar todo y marcar una época" y que se desplomó debido a caminar al son del dinero.
No os equivoqueis: no más Florentino, no más Calderón. Necesitamos savia nueva.

12 agosto 2008

Entre la envidia y la pena.

La primera duda que me asalta al abordar este tema es el título. He puesto este título pero bien podría haber puesto otros dos que valdrían igualmente como “unos crían la fama y otros cardan la lana” o “Triunfo social libre o ermitaño coherente coartado”. Finalmente elegí este porque es el más entendible y atractivo para un lector ajeno a mis pensamientos y quizá me alejo también del refranero español tan manido. Además, quizá refleja mis sentimientos.
Al grano. En la vida los duros triunfan. Los que tienen la cara más dura. Los que van echándole morro a la vida y no respetan el espacio del que tienen al lado. Los que ponen una coraza delante de los sentimientos. Los que se muestran esquivos para hablar de ellos mismos. Para mi es injusto.
Para mi, debería triunfar el sensible. El que presta atención a los pequeños detalles. El que prefiere un cara a cara ameno y cercano, a un tira y afloja como si fuera una negociación en su relación con las personas. Sin embargo, este no triunfa, este se siente perdedor, se siente estafado.
En mi vida, me he sentido como este último que os comento. Muchas veces. Demasiadas. Un día en mi vida las tornas cambiaron, sentí que las cosas me empezaban a ir bien: trabajo, situación de pareja, ir el primero en algunas facetas de mi vida... pero jamás le eché cara a la vida. La tenía respeto.
El que triunfa a base de cara, a base de abusar del otro, lo tiene más fácil. Lo tiene más fácil sobretodo por una cosa: si no es descarado, socialmente tiene el éxito asegurado. Si emplea bien las técnicas de hipocresía y lameculeo, de falso colegueo, de interés, de comunicación basada en el te doy y te quito... lo tienes hecho. Pero no es justo. Al menos en mis esquemas.
Mi camino ha sido mas difícil que el de otros. Y siempre en la cabeza con una pregunta: ¿merece la pena ser buena gente cuando ves que socialmente el que triunfa hace lo que quiere? Y sinceramente, no encuentro respuesta.
Y tu amigo, has elegido ese camino. Has elegido trepar hasta la cúspide, pasando por donde quiera que tengas que pasar. Has elegido el triunfo social. Has elegido criar la fama. Has elegido hacer lo que te salga de la polla. Has elegido usar a las personas, según el interés en cada momento. Has elegido una vida de vicios y desfases. Has elegido hartarte a follar... ¡animalito!
Y te envidio. Sinceramente te envidio. Porque tu estás eligiendo en cada momento. Porque no te reconcome la conciencia (aunque a veces me dices que sí, luego lo vuelves a hacer con lo que mucho no te debe influir). Porque hablas a todos con una sonrisa en la cara, y luego no te importa ponerlos a caldo en su espalda. ¡Qué bien juegas tus bazas! Envidio que seas capaz de medirte y no poner mala cara a quien no te cae bien. Envidio que en definitiva tienes ese éxito social del que yo careceré siempre.
Y me das pena sin embargo. Porque eres apariencia. Porque estás vacío. Porque tu éxito es una farsa, porque no eres tú, sino una imagen de lo que tú eres. Tú no eres, sino pareces. Y sin embargo, que bien te va con eso... joder.
El problema que tengo me lo dijeron el otro día: “no eres libre”. Y es totalmente cierto, no lo soy. No hago lo que se me pasa por la cabeza o por la polla. Intento seguir lo que me dice el corazón. Y eso me hace “supuestamente” feliz. Pero cuando entro en comparación con el que tengo al lado, y le veo que hace lo que quiere y le va bien, que la gente le adula, que la gente le da lo que quiere, que tiene el camino más fácil que el mío... entonces es cuando me pongo de mala leche, me frustro y me quemo. Es complicado ser coherente con el corazón cuando ves una sociedad de tiburones. Cada vez más. No estoy libre, ni lo estoy ni lo soy. Vivo coartado. Pensando en lo que el otro me va a decir. Me afecta demasiado. Intento agradar pero no soy capaz. No se callarme lo que yo llamo verdad. Y por eso me ha ido mal muchas veces.
Yo elegí ser ermitaño. Cardar la lana. Elegí el camino difícil porque me dijeron que merecía la pena. Y seguiré en él, aunque vea que el mundo es injusto. Intento creer en otro mundo. Seré iluso pero tengo que vivir así. Atado. Pero estas ataduras al menos no hacen que por las mañanas me levante sintiéndome como si fuera una rata...

04 marzo 2008

El debate.

Bueno, como todo el mundo opina acerca de este tema, y parece que es un tema de interés general yo también lo voy a hacer.
Intentaré hacerlo desde la objetividad, aunque se bien, que no es posible.

Primera impresión: victoria de Rajoy, más ajustada de lo que podría haber sido si no fuera por haberse metido en un berenjenal con la guerra de Irak, olvidada, denostada y pasada de moda. Ahí perdió la ventaja que podría haber tenido.

Ideas que se me pasan por la cabeza:
- El debate lleva una fórmula encasillada y enjaulada, no permite los golpes de efecto, la brillantez, el libre albedrío,... hay que darle una vuelta de tuerca para que en futuras ocasiones podamos hablar de todo y no sólo lo que les interesa.
- La moderadora fue un títere. No se para que estaba, para eso, que pongan una maquina que de el tiempo a cada uno y que les baje los micros como en ’59 segundos’. Las continuas interrupciones de Zapatero debieron ser castigadas y encima la tía le dice: “Si quiere le doy un minuto más para explicarse señor Zapatero”.
- La clase política da pena. Es impresionante que no sean capaces de rebatir los argumentos sin basarse en los mismos clichés que llevan usando 4 años cada uno. No eran espontáneos, eran repetitivos, cansinos, poco brillantes... siguieron un guión y perdieron las formas. Como escuche en la radio más tarde “los dos pasarían serios apuros para conservar su trabajo en la empresa privada”. ¡Qué razón tienen! Es calamitoso que nuestros representantes sean así de torpones. Sentí vergüenza ajena por ambos.
- Zapatero es un maleducado por guión. Le dijeron que cortara a Rajoy para desesperarle y lo hizo. Tanto talante y luego pierde las formas. Metió la pata hasta el fondo hablando de los muertos. No responde ni habla de la vivienda ni del escándalo de Fomento... Propone cosas que ya existen. Reiterativo y pesado, no supo decir al tema de la primera pregunta algo así como “esto no tiene la más mínima importancia” que le habría hecho quedar como un caballero y no como dos niños egoístas peleando por una piruleta.
- Rajoy es un atontado, se dejó pisar. No supo rematar al muerto. Lo hizo bien con los números, con los argumentos, dando replica a muchas cuestiones de Zapatero (cosa que le faltó en el primer debate), pero se dejó cortar hablando y perdió absolutamente el control con la guerra de Irak, con el 11-M,... metió a la niña de nuevo y no se sabe para qué. Quedo como un abobado con tanta mueca y tanto gestito. Personalmente, le vi más centrado y creo que supo meter sus propuestas en el momento justo aunque quizá escasas. Supongo que es difícil hablar de lo que vas a hacer si no manejas los números del Gobierno... Zapatero promete para no cumplir, Rajoy no promete gran cosa. Uno peca por exceso (y mentira) y otro por defecto.
- De rollo nada. Para nada me pareció aburrido, es más, con dos actorazos frente a frente era imposible aburrirse o perderse en grandes ideas (pues brillan por su ausencia). Creo que esto es uno de los espectáculos más adictivos desde que Bustamante y Bisbal andaban por ahí dando saltos en OT.

En definitiva, supongo que Zapatero ganará las elecciones (porque engaña mejor que el otro) pero creo que en gran medida es porque la gente no tiene muchas alternativas y porque nos dejamos llevar facilmente (es como el Gran Hermano, nos movemos por apetencias a la hora de tener preferibles). Zapatero va con su talante, su colegueo, su alianza de las civilizaciones... Rajoy va con crispaciones, alarmismos y pocas propuestas, además es casposo. Ninguno me representa. Sin embargo, algo nos mueve a todos para irnos a uno u otro lado. Yo votaré y será a uno de los dos, pero es que no creo en otras alternativas, me falta mi voz ahí, no veo donde están mis ideas.

25 febrero 2008

Las 24 peores horas de mi vida. (IV)

10 años trabajando en dicho aeropuerto parece que no sirvieron para nada. No somos nadie. Desobedeciendo todos mis consejos mis padres se habían propuesto acabar el día a lo grande. El móvil de mi padre no estaba encendido, craso error en la era de las telecomunicaciones. Una hora esperando desesperado, pensando en lo peor. Cogimos un taxi y fuimos a casa. Pero no le podía dejar tirado... llamé a un vecino, 3 de la mañana ya, y corrimos al aeropuerto. 26 llamadas perdidas de mi madre a mi padre. El número de lagrimas derramadas no son tan fáciles de contar. Vueltas y vueltas, carreras, sustos, gente que no te quiere ayudar, y gente que te dice: “¿todavía no le has encontrado?”. Y poca esperanza: “yo no quiero ser pesimista pero sin quererlo me pongo en lo peor... 3 horas y no ha llamado a nadie, no se le ve por ningún lado...” No aparecía por ningún lado y desesperanzados nos dirigimos a denunciar su desaparición...
Hoy este relato quizá no tenga sentido, pues yo se como acabo el día. Pero recordar esos momentos me hace tener dos sentimientos: ira y pena.
La ira es propiciada por mi propio egoísmo. Por el egoísmo del sentir que no te hacen caso, de sentir que están en otro planeta al tuyo. Del sentir que si uno no hace las cosas por sí mismo, no salen bien. Es auténtico egoísmo, propiciado por la desconfianza en los demás. Como si los demás tuvieran que pasar por tu filtro de corrección, que define lo que es bueno y es malo, lo que vale y lo que no,... un extraño juez del bien y del mal. Esa ira me hace pegar gritos, vocear, llorar, descontrolarme por completo. Ira por sentir la impotencia de no poder hacer nada ante lo que se ha hecho mal. Tantas veces digo eso de “si yo fuera tú, si yo hubiera actuado, yo habría hecho...”. Fácil decir, difícil hacer.
La pena se siente porque la situación era realmente dramática a la vez que esperpéntica. En pleno siglo XXI con todas las facilidades que tenemos, con los avances que hay, dos personas estaban parcialmente perdidas buscando a otro totalmente perdido. Y además, conociendo la situación de la persona totalmente perdida, que estaría desubicada, incapaz de dar señales de vida porque no se le ocurre, le pasaría cualquier cosa, pues su cuerpo no es lo que era, y su cabeza aún menos... realmente, pena por saber que tu padre estaba dejando de ser tu padre. Y pena porque sabiendo esto, no sabías donde estaba.
Por otra parte, recuerdo el sentimiento de indignación que tenía porque la gente no mueve un dedo por nadie. La verdad quiero ponerme en su lugar para saber como reaccionaría yo ante una persona desesperada por encontrar a su padre como yo. Nadie en el aeropuerto me echó una mano. Hubo gente que al menos se interesó, pero viajeros. Ningún trabajador del aeropuerto quiso saber nada de mi historia. Ni siquiera accedieron a que yo les diera un número de móvil por si acaso le veían. Es indignante que nadie, absolutamente ningún trabajador, ponga nada de su parte. En ese momento no tenía ganas de cargar contra nadie, pero realmente hay que ser indeseable para abandonar tus propias obligaciones, dedicarte a simplemente pasar la noche sin mover un dedo, pudiendo hacer un bien tremendo, hacer feliz a una persona desesperada. Realmente me di cuenta de lo hijo puta que es esta sociedad, con poquito uno puede hacer feliz a alguien, aunque sea con un gesto como algún viajero dándome tranquilidad y esperanza, sin embargo, quien debe tener responsabilidades, quien tiene más poder, no le importas. La caridad está en el pueblo, en lo llano, no en quien tiene responsabilidad. En mi trabajo me doy cuenta también de esto, que la ley del mínimo esfuerzo, del pasar de todo, está a la orden del día. Sorprendido estuve también... ¡qué de gente duerme en un aeropuerto! Había viajeros... pero había también muchos mendigos. Por un momento soñe con La Terminal de Tom Hanks... Mucha gente sin nada en un aeropuerto... un lugar de fluctuación, donde nadie es y nadie está, a nadie importas pues siempre estás... de paso.