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19 enero 2009

Tengo cierto miedo

Sí, tengo miedo. Yo hace unos años me consideraba el "hombre que no le teme a nada" pero nada más lejos de la realidad, eso sólo era una pantalla para tapar la realidad que es la de un hombre que tiene miedo a muchas cosas.
Hace unos días (un mes y algo) hablaba aquí de la crisis que nos estaban vendiendo los medios de comunicación. Bueno, pues esta psicosis colectiva parece que está afectando al mundo de la informática también y bueno, en mi empresa han comenzado los despidos.
En estas, yo me quedé sin proyecto y la verdad, que en ese momento piensas en muchas cosas. Piensas que con la que está cayendo con todas las empresas acojonadas y recortando gastos de todo tipo, empezando por la publicidad y continuando por los nuevos desarrollos de sus webs o de su software, un sector como el informático en auge en los últimos años, podía empezar a caer. Y efectivamente es así, ahora no hay tanto trabajo, o al menos no hay trabajo para elegir lo que quieras en cada momento y por el precio que quieras. Y antes sí lo había.
Y al quedarme yo sin proyecto temí quedarme en la calle, cosa que a mi economicamente no me afectaría mucho pero psicologicamente me podría derrumbar. Por ello, he movido cielo y tierra para tener un proyecto y ahora, que he encontrado uno y que es uno que parece realmente bueno, tengo de nuevo miedo, no ahora por quedarme en paro, sino por no cumplir las expectativas.
Tengo miedo a como me recibirán mis nuevos compañeros (pues la verdad no soy el más sociable del mundo), tengo miedo a si estaré a la altura de la tecnología del proyecto (que en mayor medida desconozco), tengo miedo a si mis nuevos jefes sabrán ver en mí a una persona con capacidades. Tengo incluso miedo a que me prueben y no supere esa prueba, yéndome de nuevo a la cola de los sin proyecto y posteriormente a la cola de los parados...
Normalmente no he tenido mayores problemas allá donde he ido... pero ahora la verdad es que se presenta ante mi un nuevo reto. Un reto que me ilusiona y aterroriza a partes iguales. Y sinceramente, aunque deseaba que llegara este momento... mañana a primera hora tendré más miedo que la última vez que fui al dentista.

Necesito que mañana mis nuevos compañeros me ayuden a superar el día como mejor sea posible, que me enseñen que todo lo que hay ahí es bueno (como de momento me lo están pintando) y que pueda crecer tanto como deseo en este proyecto. Necesito que mañana mismo me tranquilicen y me den una dosis de moral y me digan "tranquilo, poco a poco irás cogiendo el tranquillo, no esperamos resultados de la noche a la mañana" para dejar de estar así de angustiado como estoy ahora...
Me doy cuenta de que vivo en gran parte de mi vida temiendo el futuro. Tengo un terror atroz ante el cambio, ante lo que pueda venir... por eso tantas veces me he quedado satisfecho y tantas veces he hecho mío el "más vale malo conocido que bueno por conocer". Realmente, tengo mucho miedo al rechazo, a que me digan que no valgo y por eso, me refugio, me guardo en lo seguro y no me la juego, lo que no explica este miedo que tengo, pero que en cierto modo justifica el conformismo que me avinagra el caracter.
Pido un imposible, pido ser arriesgado y aventurero para cumplir mis sueños y ser feliz, y a la vez pido que no cambie nada y quiero guardarme en las faldas de mi madre cual niño miedoso, porque sólo así me sentiré seguro...y feliz...
Curiosa contradicción... mañana se verá como van las cosas. Hoy necesito que alguien me arrope y me diga que todo va a salir bien...

12 diciembre 2008

La empresa

Ayer llegué a casa hinchado de euforia.
Quedamos unos amigos y yo. Llevamos un tiempo dandole vueltas a la idea de crear nuestra propia empresa de informática, ya que estamos harto del trabajo en las consultorías, que no tienen en cuenta nuestro talento y que no dan lugar a la imaginación: ni investigación ni innovación sólo desarrollo de parches y soluciones provisionales.
Salarios injustos, horarios infrahumanos y tratamientos y estructuras viciadas que no nos convencen. Además, tenemos ganas de trabajar juntos en algo, involucrarnos por algo nuestro y ser propietarios de nuestro futuro.
Ya están saliendo cosillas, poco a poco vamos definiendo que queremos hacer, hacia donde queremos caminar... y bueno, vamos en una misma sintonía hasta ahora.
Todo hay que decirlo, siento que yo tengo bastante voz protagonista. Yo he propuesto las ideas que de momento están saliendo adelante, yo estoy organizando un poco los pasos a seguir, yo he propuesto nombres para la empresa (hasta logos) y próximas acciones. Sí, la verdad, es que me siento importante y siento que tiene una gran parte de mi este proyecto.
Tengo un miedo y es que en un futuro me crea con más derechos que mis otros dos compañeros por llevar la voz cantante. O no sólo eso, sino que en un futuro empiece a reprochar a los otros su poca implicación o su falta de seriedad. La cuestión es que me ha pasado en casi todos los proyectos de mi vida que he realizado con más gente, tanto laborales como de otro tipo... y no quiero que sea así. Sobretodo porque me voy dando cuenta de que el rasero con el que mido a los demás no es el mismo que uso conmigo. Que realmente a mi me disculpo mi pereza o mi falta de compromiso de una forma mucho más sencilla que la hago con el resto del mundo. Que incluso, soy capaz de inventarme excusas para crear una realidad acorde a los sentimientos que expongo, aún a sabiendas que son mentira. Y de verdad, no quiero eso, no lo quiero en mi vida.

Estoy descubriendo cosas. Quizá este proyecto que ahora empieza a fraguarse me lleva al momento en el que descubriré lo que realmente quiero y busco para ser feliz. Sé que soy un eterno insatisfecho pero creo que puedo algún día decir que tengo mi empresa, que hace lo que me gusta, que disfruto con ella y que me gano la vida de esa manera. Aunque no me forre, con vivir de ello creo que me sentiría realmente realizado.

Saber que tengo a mis dos amigos al lado la verdad es que me da una seguridad que no podría tener embarcado en un proyecto unitario. Creo que es un pilar fundamental tenerles cerca, ya que si esto algún día va a más, nuestros futuros estarían unidos, vinculados de forma que mi bien sería nuestro bien, y mi mal nuestro mal. Es realmente bonito pensar en ese futuro vinculado. Y en el presente la verdad es que es un apoyo básico el no hacer esto sólo, porque si no, como tantos y tantos proyectos que he empezado, éste también se quedaría a medias.
Lo mejor de todo es que hoy por hoy esto no es un tiempo que un día pueda llamar perdido, sino que es invertido en estar con mis compañeros.

La empresa ha comenzado. Tenemos ideamos de dedicarnos a algo que vaya por delante de los pasos de lo que sociedad conoce. Nuestra vocación hacia la innovación parece clara. Y no lo voy a dudar en ningún momento: pensar en ganar dinero con esto también nos mueve y nos empuja hacia delante.

10 diciembre 2008

Ilusión y miedo, miedo e ilusión.

Ante las decisiones importantes en mi vida siempre conviven dos sentimientos: por una parte la ilusión de saber que realizas un cambio que esperas que mejore lo que ya tienes y que has peleado y crees merecido, por el otro lado está el miedo a equivocarse en la situación, en no haber planteado todas las posibilidades o incluso haber subestimado las opciones en tu contra.
Creo que son sentimientos que están presentes no sólo en mi, sino en todos los humanos que se toman la vida de forma moderadamente seria. Si te tomas la vida a chiste evidentemente convivirá sólo la ilusión y si te la tomas a la tremenda, en tu vida sólo habrá angustias y desvelos, producidos principalmente por el miedo.
Cómo habrás imaginado a estas alturas y si sigues un poco la trayectoria de este blog, yo soy de esas personas que tienden más a ver el lado oscuro de la vida. Sin embargo ante la toma de decisiones que afronto ahora mismo, me encuentro a medio camino entre el miedo y la ilusión, sabedor de que peor muchas veces las cosas no pueden ir, y de que la experiencia es un grado, y la que he adquirido en estos últimos años me ha servido para saber que es lo que no quiero en mi vida... aunque no he descubierto todavía que es lo que sí quiero.
Durante el último mes he afrontado una búsqueda pausada y sin ser acuciada por las prisas para decidirme finalmente por un gasto importante en mi vida. Ahora, ejecutado el pago, sólo puedo decir que estoy contento de lo que he hecho, aunque haya sufrido muchos miedos por la toma de la decisión. Es decir, se entremezclaron dichos sentimientos constantemente hasta el punto de no saber si eres masoquista o fumador de hierba, viviendo en el subsuelo o en las nubes...
Todavía tengo varias decisiones que emprender en mi futuro más próximo, especialmente una: mi nuevo paso laboral. Ese paso va a ser en gran parte determinante para mi futuro laboral, ya que puedo seguir siendo un infeliz o puedo decidirme a buscar mi felicidad en sitios que desconozco y que sinceramente me aterran. Me aterran pues siempre uno tiene miedo a cambiar y sin embargo me ilusionan porque puedo llegar a ser feliz de una vez, sintiéndome importante en mi trabajo diario. De nuevo, esos sentimientos entrecruzados, como en cada una de las decisiones de mi vida.
Dejemos que el tiempo me ponga en mi lugar, confiemos en tomar la decisión acertada... pero siempre, siempre, trabajando para tener controlado el momento sabiendo que la vida es incontrolable.

El miedo atenaza y paraliza, la ilusión empuja adelante.
El miedo busca escondite, la ilusión salir a las calles de las ciudades.
El miedo te hace conservador, la ilusión hace que juegues tus bazas.
El miedo restringe, la ilusión liberaliza.
El miedo te vuelve mediocre, la ilusión crea superhéroes.
El miedo tartamudea, la ilusión vocifera.
El miedo tantea, la ilusión ejecuta.
El miedo es dormilón, la ilusión hiperactiva.
El miedo se pierde las experiencias, la ilusión las vive en demasía.
El miedo se conforma, la ilusión escala... ¿a cualquier precio?

En el equilibrio está (por supuesto) la virtud.

16 octubre 2008

En el filo de la navaja

Cuando uno juega con fuego le pueden pasar dos cosas: o sale airoso y victorioso, o sale ardiendo y perdedor.
Yo, tradicionalmente, soy excesivamente conservador. ¿Por qué? Pues porque cuando me la juego, en la mayor parte de los casos, salgo ardiendo, quemado y perdedor. Ni recuerdo la de compras inútiles (por defectuosas, por precio fuera de mercado, por inservibles o por poco uso) que he realizado en los últimos años: ordenador portátil, mp3, coche, varios móviles, ropa...
Tampoco recuerdo las veces que me embarqué en un proyecto y lo dejé a medias, o sino a medias, a mitad del camino, he estado cansado de recorrerlo.
Lo que me lleva muchas veces a no embarcarme, a no comprar, a no moverme de mi quietud, porque la verdad... mejor a gusto en mi reducto de seguridad, de conformismo... que arriesgarse a salir escaldado.
Y sin embargo, me frustro. Porque soy tremendamente inconformista. Porque siempre quiero más... y cómo no lo consigo: añoro, envidio, me entristezco, siento que desaprovecho la vida...
El otro día, me arriesgué. Pague una cantidad de dinero por algo, aún a sabiendas que eso quizá no era lo que buscaba, que quizá no me daba la solución,... me arriesgué y gané. La compra arreglo el entuerto en el que me había metido. Por una vez salí ganando ¿quizá cambió mi suerte? No lo creo.
En el filo de la navaja el mundo se ve diferente. Cuando estás en ese instante de indecisión, de tensión... todo se ve realmente distinto. Recé todo lo que sabía sólo porque aquello me arreglara el día. Funcionó. Y ahora pienso: quizá debo arriesgarme de vez en cuando. Laboralmente, buscar lo que quiero y dar el paso. En negocios, comprar aquello que realmente me pasa por el corazón y no por la cabeza.
Te puedes cortar en el filo de la navaja, pero también puedes salir tremendamente orgulloso de tu opción. Si sales victorioso, realmente estarás contento de lo que hiciste... y si pierdes...¿realmente qué es el dinero? ¿qué hay que no se pueda solucionar en esta vida? Un error por un acto puede ser subsanado, pero un error por omisión del acto... nunca volverá a pasar delante de tus ojos. Nunca volverá el tren.
Este es un llamamiento a los que dudan si embarcarse o no, que dudan si arriesgarse o quedarse en casa. Deja el paraguas en casa y sal a la calle, mójate con la lluvia que esta cayendo, y gana.
Sin embargo, es tan fácil decirlo y tan difícil hacerlo... ojalá fuera capaz de arriesgarme siempre. Y ojalá saliese victorioso siempre... pero la realidad es más cruel que todo eso. Quizá la sociedad actual nos enseña a conformarnos pues nos mete miedo cada día, nos habla de crisis, nos habla de todas esas cosas que debemos temer de nuestro futuro...
Un error cuesta en la medida en que uno sepa superarlo. Quizá yo vivo acomplejado más por mis errores que engrandecido por mis aciertos. Y por eso, no soy capaz de arriesgarme. Sólo se arriesga aquél que no tiene nada que perder, aquel que se sobrepone a la derrota, aquél que un error no es más que un hecho aislado, que no es más que una chinita en el zapato... que mañana se quita del zapato y se olvida... y sin embargo, para mi es un grillete.
Ojalá tú, lector, lleves chinitas en el zapato y no grilletes en el tobillo. Y si puedes, arriesga. Que el que no arriesga, no gana. Y que es la vida más que cuatro días mal contados...

29 julio 2008

Miedo a volar.

He vuelto a mi ciudad tras unos días de asueto. Cuando volví de vacaciones con mi novia estaba más enamorado todavía, con más ilusión que nunca, con ganas de un futuro,...
Sin embargo, me fui con mis amigos, de vacaciones festivas... y he vuelto pensando: ¿de verdad necesito una pareja? Y más aún: ¿existe un futuro?
Creo que tengo miedo de seguir adelante porque llegue un momento en que sea demasiado tarde. Que nos hayamos jodido el uno al otro la vida. Que no tengamos vuelta atrás.
Cuando estuve con ella vi que realmente la quería. Pero una cosa es querer y otra bien diferente es amar. Incluso como he comentado otras veces... en el amor hace falta un componente esencial de atracción sexual. Y a veces siento que sobretodo esto último lo pierdo.
Tengo miedo de seguir adelante, de comprometerme sin compromiso, pues en la relación que llevamos no podemos hacer mucho más (y será así por varios años). Lo que nos queda ahora mismo es la presentación oficial en la casa de cada uno.
Y sin embargo los días que pase con ella fueron realmente maravillosos. Reviviendo mis recuerdos infantiles. No se porque tengo esta sensación contradictoria. Me cabreo conmigo mismo.
Parece que me siento como un pájaro enjaulado. Me enseñaron la libertad durante unos días y me gusto mucho. No hice nada malo en libertad. Pero vi que podía vivir sin mi jaula. Que no me era imprescindible para vivir. Sin embargo no me doy cuenta de todos los cariños que recibo en mi jaula, como mi vida es más sencilla, como tengo un refugio donde resguardarme en mis momentos de debilidad. Cuando tengo frío allí está ella. Pero ¿vale con eso? ¿vale con tener apego a las situaciones?
No se porqué ahora. Creo que es el verano. Cuando llegue el otoño las aguas volverán a su cauce. Pero me gustaría saber que pasa por su cabeza... quizá ella se encuentre igual. Nos gusta volar solos pero siempre volvemos a casa...

Las dudas siempre están ahí. Es normal que cuando pasamos tiempo separados de nuestra vida real, cuando vemos como viven otros, nos entre el miedo... miedo a volar, hacia un lado u hacia otro. En el fondo, no nos gusta cambiar el rumbo del viaje. No vaya a ser que perdamos más que lo que ganemos...

27 mayo 2008

Buscando ilusiones.

Ayer reflejaba ciertas incertidumbres que tengo, que se pasan por mi cabeza y que me atenazan. En realidad, voy descubriendo que no son tales. Lo que creo que me pasa es que no tengo cosas en mi vida ilusionantes, es decir, nuevos retos. Y los estoy buscando. Por eso últimamente me he planteado muchas cosas para hacer cuando pase el verano y en cada uno de ellos, cuando se lo comento a alguien me llevo un revés, una pega, un no por respuesta. Es por eso que quizá estoy un poco desilusionado.
Pensé en cambiarme de casa, en irme a vivir sólo. Pero pensé en mis padres... en como les dejaría ahora que me necesitan. Y no es el típico me necesitan que dicen los que quieren quedarse en casa y tienen “mamitis”. Yo quiero realmente probar esa experiencia de vivir solo e incluso veo que me llega el momento, se que me haría hasta mejor persona, más responsable, más seria... emplearía en algo el dinero que ahora me dedico a amasar sin sentido. Sin embargo mis padres no pueden estar solos ahora mismo. Mi padre está delicado, mi madre no puede sola y sería un bajón para ambos. Mi novia acabo de quitarme las ganas.
Pensé en hacer otra carrera... pero yo no estoy vocacionado para nada. Pensé que me gusta la Historia, pensé en las ideas políticas que tengo, pensé en mi lado más humano... incluso mire como hacer Políticas por la UNED pero demasiados años (5). Otras carreras, como Historia, ADE, algo humano... no les veía tanto sentido. El doctorado era una opción, pero no se porqué, no me animaba, no le veía sentido, no daba el paso, quizá por miedo a encontrarme viejas caras y viejos ambientes que en su día no me convencían. La cara de aquellos a los que se lo contaba también me quito las ganas.
Pensé en sacarme algún título: entrenador de fútbol, monitor de tiempo libre, master en no se que cosas,... pero creo que la gente piensa que son chorradas, tonterías de un niño que no sabe que hacer con su tiempo.
Pensé en hacer deporte: padel más seriamente, correr con asiduidad... pero necesito a alguien que quiera hacerlo conmigo, almas gemelas que quieran compartir ese tiempo. Y no las encuentro.
Y así, mis ilusiones se acaban una a una. ¿Qué puedo hacer? ¿En que puedo ocupar mi tiempo? ¿Qué puedo hacer ahora que se acaban cosas en mi vida para llenar esos espacios? ¿En que ilusiones debo poner mi tiempo, mi trabajo, mi tozudez?

Y claro, al no encontrar respuesta es cuando me quedo roto, sin saber que hacer, entristecido sin merecer estar triste pues me siento muy afortunado. No quiero mirar dentro de unos años y sentir que he desaprovechado mi vida, mis años de juventud, vagueando... quiero mirar atrás y no ser un don nadie. Quiero mirar y ver a alguien satisfecho con lo que ha hecho. Y tengo dudas...

26 mayo 2008

25.

Los 25 me dieron un punto de madurez que no se si me gusta o me disgusta. Empiezo a pensar en cosas más serias y me preocupa: un trabajo estable y futuro, una familia, vivir sólo, comprar cosas útiles, hacer otra carrera,... incluso en enterrar el hacha de guerra en frentes abiertos.
Y digo que no se si me gusta o me disgusta porque realmente cada cierto tiempo me vienen a mi cabeza esas ganas de ser niño de nuevo, de no tener preocupaciones... y de cambiar la historia, de hacer cosas que no hice en su día por no ser valiente o de no hacer otras que ahora me parecen de un ser estúpido...
Y no quiero arrepentirme del pasado pero es así... con los 25 he mirado mucho a lo ya hecho. A lo que quedó atrás y que nunca se recuperará...
También mirando al futuro, pues no se porqué pero los 25 me acercan más a los 30 que a los 20 y me hace ver lo rápido que pasa el tiempo, y una sensación de tomar decisiones que realmente asusta.
¿Mi pareja es una pareja de futuro o tan sólo de presente?
¿Me he equivocado al estudiar lo que estudie? ¿Estoy contento en mi trabajo? ¿Veo un futuro?
¿Quiero seguir estudiando? ¿Me motiva algo? ¿Tengo ansias de aprender o de dejar anquilosado un cerebro (que yo creo) talentoso?
¿Me voy a vivir solo, harto de vivir una situación familiar que me atrapa, que me agobia, pero que a la vez me protege y me guarda en una burbuja?
¿Compro? ¿Vendo? ¿ Compro casa? ¿Alquilo casa? ¿Compro coche nuevo? ¿Ahorro, vivo, pierdo, gano...? Me asusto.
Me da la sensación de que he desaprovechado la vida, los talentos que Dios me dio, las virtudes que tengo... desaprovechadas viviendo una vida mediocre. Viviendo despacio, viviendo al ritmo que me marcan... y sin tener control de mi propia vida.
Una sensación de inestabilidad pasa por mi cabeza constantemente. Empiezo a perder mis propias convicciones, o al menos dudar de ellas: mi ideología política, mi fe, mi trabajo... las instituciones se desmoronan.

Con una mano delante y otra detrás. Con una mano en el futuro y otra en el pasado, agarrando fuertemente mi situación, y viendo que no se lo que quiero, que no se en que lado estar, a que lado mirar o a que lado tirar. Imprecisiones constantes para ver al Hector de Troya del futuro, ¿quién quiero ser? ¿Cobarde o valiente? ¿Conde o rey? ¿Mediocre o por encima de tus propias posibilidades?

Ya hablaremos.

06 mayo 2008

Salsa agridulce

A la vez que te digo que sí, te digo que no. A la vez que creo que solo puedo vivir, se que no es verdad. A la vez que creo hacer o decir lo mejor para ambos, me digo lo peor para mi mismo. Hay dudas que no son entendibles por la propia mente humana, ni por el corazón tampoco. Son dudas ante el mañana, y el mañana no nos da respuesta.
Es lógico y lo entiendo, tener esas dudas. Yo también las tengo. No se si el conformismo nos arrastra en el día a día, si somos trozos de madera empujados por la corriente del río hasta el mar. ¿Y cuando llegue el día en que lleguemos al mar? ¿Qué haremos? Nos quedaremos pensando: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Por qué me arrastró la corriente durante tanto tiempo junto a ti? Y nos diremos adiós. Y buscaremos más troncos más viejos o más nuevos, pero en definitiva diferentes.
La otra duda que asalta es la del futuro. Hubo un momento en mi vida en que no vi futuro sino presente. Con los años no veo presente sino futuro. Preparo el terreno para el futuro, me hago a la idea de cosas que tengo que asumir, aguanto cosas y amo cosas, y sobretodo intento cambiar cosas para dejar el terreno abonado para el futuro, para que en el futuro sólo encuentre flores y frutos. Me da igual las espinas del presente mientras que me labre un buen futuro.
El daño está hecho ya, ahora o en un tiempo, la cuestión es saber cuando se produce menos dolor. Salsa dulce de la vida pues la felicidad me embarga ante los múltiples acontecimientos que comparto contigo, salsa agria pues esta vez ante las dificultades nos amilanamos en lugar de acrecentarnos. Puede ser un síntoma de decadencia. Puede ser el principio del fin de un sueño que ya veíamos que tarde o temprano acabaría. Puede ser eso, o puede ser nada más que un simple bajón.
Sólo espero que las ideas fluyan por tu cabeza más de 5 segundos, que las decisiones que tomes en tu vida pasen por cabeza y corazón, que no seas superficial por una vez en tu vida, que de verdad te comportes como un ser humano.
Quizá lo mejor sea que uno se baje del tren en marcha, aún a costa de la leche que ambos nos podemos dar. Quizá sea lo mejor porque cuando lleguemos al final del trayecto no quiero tener que darme la vuelta para volver al origen. Pero eso tendrás que pensarlo más de 5 segundos.
Conformismo y futuro, dos palabras que se entremezclan, y dos palabras que realmente hacen dudar al más confiado. Conformarse es como morir. Pensar en el futuro es dejar de vivir el presente con la misma ilusión. Tu problema y el mío son el mismo y sin embargo tan diferentes actitudes...